4.2.1.2.5 Ornamentos1

Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 235-238.

La Catedral de México ha poseído ornamentos tan ricos como los de cualquiera otra catedral española. Algunos de ellos han subsistido hasta nuestros días, a pesar del clima húmedo que destruye los tejidos. Las piezas más antiguas que se consignan en el tesoro forman parte de este capítulo. Son unas cuantas, como el lector se ha podido dar cuenta al leer el capítulo en que se habla de los inventarios, en que se reseñan las piezas ricas que poseyó el templo en tiempos pasados. Aunque no se conserve toda esta riqueza, existen algunos ejemplares antiguos que permiten seguir la historia del bordado en ornamentos religiosos durante las tres centurias de la época colonial.

La pieza más antigua y venerable de nuestro tesoro es el gremial. Perteneció a don fray Juan de Zumárraga, primer Obispo y Arzobispo de México, y por tanto debe considerársele como una pieza bordada antes de 1548, en que falleció el venerable varón. No sabemos a ciencia cierta si este gremial fue bordado en México o lo trajo de España. Sin embargo, por las noticias que poseemos de bordadores de la Colonia, nos es permitido aceptar que fue hecho en México. Es de terciopelo azul y se halla bordado con hilo de oro y sedas de colores. En el centro se encuentra un gran escudo con la cruz y los símbolos de la Pasión surgiendo del sepulcro de Cristo. Tal escudo está orlado por una corona de finos bordados renacentistas que lo enmarcan y en sus cuatro extremos superior, inferior y laterales, se encuentra rematada dicha corona por el cordón franciscano. En los cuatro ángulos que quedan libres aparece el escudo franciscano de las cinco llagas, enmarcado también en coronas más pequeñas, y alrededor se ve una leyenda latina en bellos caracteres también bordados.

El tesoro del templo se ha enriquecido con otro magnífico gremial. Tan riquísima pieza ha podido ser rescatada e identificada gracias a los esfuerzos del señor Alfonso Vázquez Vergara, que lo encontró abandonado como objeto inútil y pudo restaurarlo e identificarlo en los inventarios. Trátase de una pieza riquísima que aparece descrita en el inventario de 1588 y pertenece por tanto a la época del gobierno del Ilustrísimo señor Moya de Contreras. Es de tela blanca de plata con una orla magnífica, de terciopelo carmesí bordado de romano.

En el centro de la parte baja aparece un escudo con la cruz de Santiago sobre un cráneo y coronado por un capelo con ínfulas. El centro del gremial está ocupado por la imagen de la Virgen en su Asunción rodeada de ángeles, y en tal forma, que ella misma parece alada. A los lados se encuentran las figuras de San José y San Juan Evangelista bordadas con seda de colores, como la misma imagen de la Virgen. El tiempo ha opacado la brillantez de los adornos, pero les dio en cambio esa pátina extraordinaria de los siglos; a su belleza original han agregado este prestigio, la antigüedad. Tal pieza podría figurar dignamente en el tesoro de cualquiera catedral europea.

Consérvase un magnífico temo toledano. Con el tiempo los bordados del temo o la tela en que se hallaban adheridos se deterioraron en tal forma que fue necesario renovarlos, y así podemos admirar estas piezas en que los bordados antiguos de estilo toledano hechos sobre terciopelo carmesí con canutillo y seda de colores fueron adheridos a una tela de brocado posterior. El mérito estriba en la antigüedad y en la belleza de estos bordados y aunque la tela en que están sobrepuestos sea bellísima, su mérito se encuentra un tanto opacado junto a la elegancia renacentista de los sobrepuestos que la adornan, Pertenecen a ese estilo que en los inventarios se llama de romano y que proviene, como es bien sabido, de aquellas decoraciones con que el insigne Rafael ornamentó las loggias del Vaticano, ese mismo estilo que fue llamado en Italia de grutescos.

Más tarde se perfecciona, se amplía y constituye el fondo del estilo ornamental renacentista, que en realidad es pagano: hay mascarones, a veces aparecen sátiros, elementos todos del paganismo que se mezclan con el arte cristiano. El bordado es tan fino que puede ser considerado como una obra de arte de primer orden. Así es el capillo de la capa pluvial. Representa la Asunción de Nuestra Señora, pero está trabajado con un espíritu de arte personal en que no importa ya la técnica, lo mismo se trate de pintura o escultura o bordado. La expresión de la Virgen, la composición del cuadro, la maestría en plegar los paños, todo revela al artista de primer orden. No sabemos si este terno fue hecho en México; su perfección nos induce a suponer que más bien vino de España.

Uno de los tesoros más preciados que conserva el Museo de la Catedral, es el temo rico firmado por Marcos Maestre, bordador famoso que floreció en Sevilla a principios del siglo XVII. El temo está compuesto por las piezas siguientes: una casulla, dos dalmáticas con sus cuellos, capa pluvial con su capillo, paño cubre cáliz, bolsa de corporales, dos estolas, tres manípulos y dos frontales. Existe en el Archivo de Indias la documentación con los contratos para el trabajo de dicho temo. Un distinguido investigador de la Universidad de Sevilla encontró esa documentación y se dirigió por carta a quien esto escribe, preguntándole si existían o habían huellas del temo. Se le contestó que no sólo existían huellas, sino el propio terno, y se le enviaban fotografías detalladas del mismo, a fin de que publicase una pequeña monografía con la documentación descubierta. Desgraciadamente en ese mismo momento estalló la guerra civil de España que desgarró lastimosamente a nuestra querida madre espiritual y el asunto quedó en suspenso. Son estos tan finos que a primera vista el trabajo parece de pintura y sólo aplicando la lupa pueden descubrirse las finísimas puntadas del bordado. Ignoro si se conservan en España trabajos de Marcos Maestre, pero puedo asegurar que en el tesoro de la Catedral de México existe uno de los más preciados.

Otra tela representa un escudo bordado que no se sabe qué uso haya tenido. Acaso formó parte de un frontal, pues representa la advocación de nuestra Catedral, la Asunción de María Santísima. Aparece la Virgen sobre un cúmulo de nubes y cuatro ángeles parecen ayudarle en su ascenso, en tanto que otros dos, en la parte alta, sostienen una corona sobre su cabeza. La ingenuidad del bordado que más bien presenta aspecto popular, la técnica para reproducir las nubes que recuerda los jeroglíficos de los indios, lo mismo que el cabello y la túnica de la Virgen, nos hacen suponer que el bordado es obra de indios ejecutado en el siglo XVI y por tanto una de las obras más arcaicas de nuestro arte colonial.

Joya inestimable, es la gran capa pluvial bordada para la imagen de San Pedro que se venera en el templo. Es una obra preciosísima de arte; la fantasía humana parece haber agotado sus recursos en el entrelace de todos estos follajes y hojarascas de oro en dos tonos sobre el damasco rojo que constituye la capa. Sabemos quién la mandó hacer y quién la hizo, para gloria de ambos: la mandó hacer el magnífico doctor don Diego de Malpartida y Zenteno, de quien hicimos memoria anteriormente, y la trabajó en México el bordador Antonio Rangel, el año de 1699. Su firma se lee bajo el capillo, como el detalle de que fue ordenada por el ilustre deán de la Catedral.

Notable es otro temo bordado en México a mediados del siglo XVIII. La tela es un tejido de oro y sobre ella se han bordado con seda de colores numerosos motivos. El temo se compone de capa pluvial, casulla, dos dalmáticas, paño de cáliz, bolsa de corporales, tres manípulos y dos estolas. Sobre la tela riquísima, que ya de por sí es una obra de arte, el bordado viene a realzarla en una forma extraordinaria: a primera vista se dijera un trabajo chino, pero estudiando en detalle la técnica del bordado se ve que es en absoluto indígena de México: los angelitos son angelitos indios, como esos que vemos en los "puestos" populares en un día de feria, o como los que han sido plasmados con técnica insuperable en el mejor ejemplar del arte barroco indígena: la iglesia de Santa María Tonanzintla, en el estado de Puebla. El temo procede de un convento poblano; presenta el escudo de los dominicos y de allí fue extraído dolorosamente para venderlo. Cuando se llevaba al extranjero fue decomisado por el Gobierno Federal, que lo conserva en depósito como una de las obras de arte más notables producidas en la Nueva España.

Riquísimo temo mandó hacerse en España el señor arzobispo don Alonso Núñez de Haro y Peralta, fechado en 1791, en el convento de las Salesas Reales. Fue bordado sobre tisú de plata con hilos de oro, plata, sedas de colores y pedrería. Es un temo de los más completos, pues consta de las piezas siguientes: mitra, capa pluvial, casulla, dalmáticas con sus cuellos, gremial, paño de cáliz, bolsa de corporales, dos estolas, tres manípulos, cáligas y un frontal de altar. La riqueza del bordado corresponde a un nuevo estilo artístico: el neoclásico; hay ya cierta simetría, cierto orden en el lujo; no es el desenfrenado arte barroco el que rige para dicho ornamento, pues todo está ya más calculado, más medido, más sincronizado con las ideas de la razón.

Se conservan en el tesoro de la Catedral ornamentos que han sido elaborados con una técnica diversa: no es ya el bordado riquísimo que hemos apreciado en los temos antes descritos. La labor de las figuras que adornan la pieza no han sido hechas después, sino al mismo tiempo que la tela que constituye propiamente la pieza; no son bordadas, sino tejidas. Esto, que podría parecer que demerita la obra, no la hace sino más preciosa si posible es, porque ejecutar la labor de las grandes figuras decorativas, vegetales, que ornamentan cada pieza dentro del mismo tejido, es algo asombroso. El autor de tales obras fue Miguel Molero, como puede leerse en la inscripción de una capa pluvial: Michael Molero Toletanus fecit Toleti ann. 1769. Se custodia tal cantidad de ejemplares de este artista que el crítico español José Moreno Villa manifestaba al autor de las presentes líneas que era posible escribir una monografía acerca de Molero, de quien no existen tantas piezas en Toledo como las que aquí en México guarda el tesoro de nuestra Catedral.

Es tan rico en ornamentos el tesoro de la Catedral metropolitana de México, que solamente describimos unas cuantas piezas escogidas para dar variedad al tema. Así, tenemos, una casulla bordada en tela de seda de color guinda con oro y seda de varios colores. Es obra china del siglo XVIII y puede apreciarse la finura y delicadeza con que han sido hechos estos bordados.

Un temo preciosísimo del siglo XVIII bordado en México sobre tela dorada existe. El temo es completo; está compuesto de casulla, capa pluvial, dos dalmáticas con sus cuellos, paño cubre cáliz, bolsa de corporales, una estola y tres manípulos. En la tela de brocado de oro se nota cierta influencia francesa que tiende a reproducir la rocalle, pero las flores son flores mexicanas de vivos colores en que los verdes hacen realzar los rojos y los azules de la preciosísima ornamentación.  

Otro temo de ornamentos, representa también la época de nuestra historia del arte que se llama el neoclásico. Es temo completo, salvo que falta la capa pluvial, pues consta de casulla, dalmáticas, estolas, manípulos y palio. La tela es tisú de plata y el bordado todo de oro. El arte neoclásico, todavía influído por los Luises de Francia, debe verse en esa simetría de las figuras que toman un centro y se desenvuelven a ambos lados en una armonía deliciosa. La ornamentación es vegetal, pero son plantas exóticas que no podemos atribuir a ninguna especie conocida; son más bien productos fantásticos, ora helechos, ora rosáceas, ora palmas, que se han reunido en un conjunto de arte extraordinario.

1 Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 235-238.