La Catedral de México y Tolsá1

Salvador de la Fuente Pinancelly, Manuel Tolsá, CONACULTA, 2002, México, págs. 19-23.

Asiento y cátedra del obispo, la Catedral es uno de los edificios más importantes en términos sociológicos puesto que representa la autoridad religiosa en la Nueva España, y una de las razones principales para justificar la conquista del país. Por otra parte, muestra la riqueza temporal del clero durante toda la época colonial.

La primitiva Catedral estuvo en el ángulo suroeste del actual atrio. Era pequeña, sencilla, con estructura de madera. Cortés puso la primera piedra. Pero la actual Catedral es obra de los siglos XVII y XVIII, principalmente, aunque también del XIV. Todos los estilos de la Colonia se reflejan en esta obra. Infinidad de arquitectos, importantes y mediocres, intervinieron en sus obras  (con el incendio de enero de 1967, esta intervención se ha prolongado). Unos abogaron por la restauración contemporánea –modificando algunos elementos- y otros querían la restitución idéntica del coro, sillería y partes dañadas. Esto último fue lo que se hizo.

La Catedral es enorme: posee más de 100 metros de longitud y 60 de ancho, las torres alcanzan la altura de 64 metros. Tiene cinco naves: las dos laterales, con altares adosados, en que se celebra misa, y las dos procesionales, alrededor de la central, cerrada por el enorme coro, con altar en el transepto que estuviera cubierto por el ciprés barroco churrigueresco de Gerónimo de Balbás, ya destruido, y posteriormente del ciprés neoclásico del arquitecto Lorenzo de la Hidalga, de magnífica factura, a pesar de lo que diga la crítica, también destruido, sin ningún aspaviento del clero e historiadores.

El arquitecto veracruzano Damián Ortiz de Castro era el maestro mayor de las obras a la llegada de Tolsá a México. Había terminado este arquitecto las originalísimas y bien proporcionadas torres, el tambor de la cúpula y diversas obras interiores.

Al morir Ortiz de Castro hereda título y cargo don Manuel Tolsá en 1793, es decir, tres años después de su arribo a México. Hecho que confirma la importancia en ese tiempo de ser español peninsular, independientemente de los merecimientos de nuestro artista.

Tolsá recibe la Catedral en su última etapa de construcción, y la remata espléndidamente. Da a la obra “un aspecto de algo concluido, íntegro”, dice Manuel Toussaint.

El arquitecto valenciano, con gran talento, se da cuenta del estado de la obra, su diversidad de estilos y del problema, relativamente ingrato, de intervenir en algo casi finiquitado. Pero demuestra aquí su enorme poder de observación y su comprensión espacial, puesto que el cuerpo es macizo, y sería pesado si no fuera por la gran anchura de la iglesia. Por otra parte, las enormes torres casi se “comen” el conjunto. Había pues, que subrayar la entrada, máxime que la obra es simétrica en sus formas.

Sobre la fachada principal coloca un enorme volumen para que alcance la altura del arranque de las torres, y con ello consigue dar unidad a la fachada principal hacia el Zócalo, así como quitarle rigidez al coronarla con tres esculturas de gran tamaño y perfecta proporción con el conjunto, dada la gran altura del reloj, luego de calcular los puntos desde donde se miran. Esto es barroco puro.

Además, unifica fachadas, torres y contrafuertes mediante el tema armónico unificador de las balaustradas, que se repite a lo alto, largo y ancho de toda la Catedral. Los contrafuertes tienen unas ménsulas invertidas que ligan la parte baja y media de la Catedral. En las torres sigue repitiendo su tema espacial: las balaustradas y muretes que sostienen los florones; para insistir más aún en la importancia de la balaustrada, pero también subrayar la estructura sustentante.

Estos florones demuestran su respeto por la estructura anterior, y no como se ha querido ver, algo ostentoso o simplemente ornamental; lo positivo es que subraya el ritmo estructural y da relevancia a las balaustradas, que sirven –como todo mundo reconoce– para otorgar unidad al conjunto en que habían intervenido muchos arquitectos durante doscientos años de obra.

La cúpula será su gran remate, puesto que al elevar el volumen del reloj quedaba escondida y se ocultaba u oscurecía la claridad del partido: una planta de cruz latina en forma de T, es decir como la cruz cristiana, que tiene un brazo mayor que el que lo cruza.

El tambor y cúpula proyectados por Damián Ortiz de Castro eran correctos, pero con el aumento del reloj advierte Tolsá que es menester dar a la cúpula mayor relevancia: le adosa en piedra medias pilastras y encuadra las ventanas con columnas jónicas que remata con frontones muy resaltados. Con esto consigue dar amplitud a la cúpula, que vista de lejos parece una corona magnífica del templo.

Quisiéramos agregar que los vitrales recientes de escultor Mathias Goeritz en las ventanas de la Catedral son excelentes, en color y forma, y quizá debieran continuarse en la linternilla.

Las esculturas del reloj son obras de Manuel Tolsá, perfectamente proporcionadas a la arquitectura y de muy buen factura barroquizante.

En toda la obra campea el barroquismo de Tolsá; avances y retrocesos del espacio, sea frontones y columnas de la cúpula; sea su ornamentación: la repetición gustosa de florones y tableros se enriquece con esculturas de bulto y motivos florales.

1 Salvador de la Fuente Pinancelly, Manuel Tolsá, CONACULTA, 2002, México, págs. 19-23.