Manuel Toussaint1

Reseña tomada de Artemio de Valle-Arizpe, La muy noble y leal Ciudad de México, Lectorum, México, 2004, p. 143 y 144.

Nació en Puebla el día 29 de mayo de 1890. Cuando acababa de doblar el cabo, azul y oro, de la buena esperanza que son los 30 años, era ya docto en varias disciplinas; tuvo desde entonces una vaga, una indefinible tristeza. Sus alegrías estaban como envueltas en bruma, leve bruma de atardecer.

MANUEL TOUSSAINT es caballero de buenas y escogidas prendas; reposado, tranquilo y en todo extendía su suavidad. Prefirió más la exactitud que las líneas quebradas o tortuosas; fue amigo de lo claro y sencillo, de la riqueza sobria. Era un espíritu neoclásico. Pero aunque asentado y de juicio, poseía un entendimiento inquieto y bullidor y así tiene una emoción onda ante las cosas, embebió en ellas el corazón y las describió después con idealidad, con delicado amor.

De gran actividad intelectual no se dio a holgones reposos, sino que siempre anduvo atareado entre manuscritos y libros y revolviendo ideas; y a diario estaba con la pluma sobre el papel componiendo ya ensayos, o cuentos, o bien graves estudios de historia; y así es como por el ejercicio se acicaló pulidamente el ingenio y llegó a ser uno de nuestros escritores de vanguardia. Supo meter su inquietud entre el polvo y las polillas de mamotretos e infolios de donde iba sacando con exquisito tino cosas amables y bellas. En sus manos el documento pierde su frialdad curialesca y lo vuelve ameno.

Se dio durante años a la generosa tarea de ir por esos pueblos de Dios, desviados de todo trato y comercio con las grandes ciudades, y que tienen tan bellos nombres como si pertenecieran a la geografía espiritual de un escritor artista; pueblos que parece que están fuera del tiempo, en los que la vida se quedó detenida, como llena de estupor, en medio de las luces del siglo, viendo solamente hacia el pasado con larga mirada habladora de nostalgias. Y después de esas andanzas, cuenta en una prosa limpia y flexible, de las iglesias abandonadas, de los santuarios ilustres, de las grandes casonas coloniales, de los conventos en que vivieron humildes siervos de Dios y altos varones, de las ermitas, humilladeros y reposorios, de las pinturas viejas que ya metieron sus colores en la transparente oscuridad de las pátinas, de las grandes telas eclesiásticas chafadas y olorosas a siglos: Taxco, Oaxaca y Paseos Coloniales, son de sus bellos, de esos amenos libros de andar y ver.

Cabe destacar que Toussaint en 1934 fundó el Laboratorio de Arte de la UNAM, después llamado Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE). Es autor de un magnífico y enorme tomo en gran folio, preciosamente ilustrado, que contiene la historia entera de nuestra magna Catedral, desde que se puso su primera piedra fundamental hasta que Tolsá le dio fin, con todos sus adornos y el esplendor de sus numerosas riquezas. Fruto de sus fecundas correrías por tierras Europa, es otro volumen, Viajes alucinados, de valía por lo muy ameno que encierran entre sus páginas. Escribió con mucho saber, la historia de la pintura en México, precioso libro con bella información gráfica. En ella se desentrañan una infinidad de problemas que habían permanecido insolubles hasta que Manuel Toussaint les puso mano con gran erudición y talento. Murió en New York el 23 de noviembre de 1955. Su cadáver fue traído a México.

1 Reseña tomada de Artemio de Valle-Arizpe, La muy noble y leal Ciudad de México, Lectorum, México, 2004, p. 143 y 144.Reseña tomada de Artemio de Valle-Arizpe, La muy noble y leal Ciudad de México, Lectorum, México, 2004, p. 143 y 144.