1.2.2 Órdenes para Construir la Nueva Iglesia1

Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 21-24.

El primer documento en que se habla de la construcción de la Catedral nueva es una cédula expedida por la reina en Valladolid, a 8 de octubre de 1536, en que ordena que vista la solicitud presentada Por el canónico Cristóbal de Campaya en nombre del deán y cabildo de la iglesia de México, se vea lo que es necesario para construir una gran iglesia. El cabildo solicita que sean los indios quienes la hagan, pues ellos edificaban sus adoratorios indígenas. Reproducimos en el apéndice esta cédula, que es el más antiguo documento acerca de nuestra catedral; pero su origen tuvo por causa un pleito iniciado por el cabildo de México contra el Ayuntamiento de la misma ciudad, que había tomado para propios dos solares de los que se habían señalado para la construcción del templo. 

El pleito acerca de dichos solares duró mucho tiempo y los documentos originales se conservan en el Archivo de Indias. El Ayuntamiento había labrado una hilera de tiendas en los dos solares que quedaban en el extremo poniente del terreno en que debería construirse la Catedral. Tales tiendas limitaban por este lado la plaza y se encontraban enfrente precisamente de las casas de Cortés, actual Monte de Piedad. Cuando fue trazada por primera vez la iglesia nueva, las tiendas no estorbaron la traza puesto que ésta fue hecha de oriente a poniente, pero cargada hacia el actual palacio; cuando se formó la traza definitiva, de norte a sur, dichas tiendas con sus portales fueron demolidas. Por otra parte, la iglesia se quejaba de que en el sitio, seguramente atrás de las tiendas, se hacía muladar y presentaba sucio aspecto.2

En el fondo existía un interés pecuniario porque las tiendas producían buen dinero, y así vino una transacción en que se permitía que el Ayuntamiento las continuase explotando mediante el pago de mil pesos al año, que la Catedral recibiría como reconocimiento de su derecho de propiedad. Con fecha 27 de diciembre de 1555 se expidió una real cédula ordenando se hiciese justicia a las dos partes, de manera que ninguno recibiere agravio.

La cédula más antigua que ordena la construcción de la catedral nueva data de 1544 y fue dada en Valladolid, a 8 de agosto de dicho año. Esta cédula fue obtenida por la solicitud del canónigo don Francisco Rodríguez Santos, que iba por procurador de la iglesia de México. En esa cédula se ordena al virrey que luego que la reciba mande hacer la "traza del tamaño forma e manera que ello pareciese que conviene que se haga e platiquéis con las personas que os pareciesen de que se podrá hacer con la autoridad que convenga guardando las leyes por su Majestad nuevamente hechas."3

No queda ningún dato que demuestre que dicha cédula fue cumplida, pues ocho años después la Corona de España expidió las famosas cédulas de 1551 y 1552.4 Dice la primera que la Corona ha sido informada que la iglesia de México es muy pequeña; que aunque algunas veces se ha tratado de edificar una nueva y se ha comenzado a traer piedra, no-se ha hecho; que siendo una ciudad tan insigne y cabeza de todas las provincias, es cosa justa y necesaria que el edificio y ornato de la catedral sea conforme a esta dignidad; que su capacidad sea tan amplia que pueda recibir a sus parroquianos y a otros que a ella acudieren y que, tomando en cuenta que la parte de diezmos aplicada por la erección a la fábrica no es bastante, que se tomen fondos de lo que corresponde al arzobispo, sede vacante, hasta que Su Santidad por presentación del rey proveyere dicha dignidad, en dos tercios de lo que montaren, guardando el resto para el sucesor y concluye: "Yo vos encargo y mando que luego que la reciváys se las agáys entregar y proneáys cómo con toda breuedad se entienda en lo que por ella se manda, e que se dé en el edificio de la dicha Iglesia toda la priessa que ser pueda, pues veys cuánto delio Dios Nuestro Señor será seruido: e para que mejor se haga y con más presteza daréys para ello todo el calor y fauor que fuesse necessario, que en ello seremos de vos muy seruidos."5

Con el nombramiento del señor Montúfar para el arzobispado, el efecto de la cédula anterior prácticamente se nulificaba. Además, cualquiera puede darse cuenta de que los arbitrios que dicha cédula ordena se pongan al servicio de la fábrica nueva eran de todo punto insuficientes. Por eso, un año más tarde, el 28 de agosto de 1552, fue expedida en Monzón la famosa cédula que ordena edificar la catedral de México como "convenga para que el culto divino sea en ella honrado y venerado como es razón" y al mismo tiempo dispone que el costo de la catedral en su nueva obra se divida en tres partes entre la Corona, los encomenderos y los indios del arzobispado, en la inteligencia de que el rey debería ser considerado como encomendero por aquellos pueblos que estuviesen en la Corona. También deberían contribuir para la obra los españoles acomodados aunque no tuviesen indios, y lo que ellos dieren debería ser descontado a los encomenderos y a los indios. Una posdata aclara que el moneo de lo que se recogiese en la forma indicada debería ser lo que faltase de lo que se hubiese recogido de la sede vacante conforme a la cédula de 1551 para completar el costo de la nueva iglesia, teniendo en cuenta también lo que por la erección estaba asignado a la fábrica. Es decir, no se recaudaba el costo total, sino se completaba para poder terminar el edificio. Por otra parte, hay que pensar que si no se tenía un presupuesto formado era bien difícil calcular lo que debía colectarse. De hecho, esta colecta continuó durante muchos años, aún después de concluida la fábrica, sobre todo por lo que respecta a los indios.

En cumplimiento de tales órdenes el arzobispo Montúfar, de acuerdo con el virrey, decidió dar principio a la obra: con fecha 1S de diciembre de 1554 el señor Montúfar escribía al Consejo dando cuenta de sus propósitos: "Muy poderoso señor: Con el ayuda de Dios Nuestro Señor el señor visorrey y yo queremos comenzar la iglesia. La traza que se ha elegido de mejor parecer es la de Sevilla porque S. M. por su real cédula manda que se haga muy suntuosa como a ciudad y yglesia metropolitana conviene. Yo envío la traza allá para que V. M. la vea; tengo concertado que se comience por la cabecera un pedazo que se puede hacer en 10 o 12 años, sin tocar a la yglesia que agora tenemos."6 Dice que puesto que la catedral quedará en una isleta que cercan cuatro calles principales y en la tierra no hay fortaleza, pueden levantarse en las esquinas cuatro torres para que d templo quede dentro de su claustro. Se trataba, pues, de un proyecto semejante al del Escorial, aunque sin tantos departamentos que en aquel son necesarios para el monasterio. A causa de esta idea del señor Montalar, ha habido quien supone que la Catedral iba a tener cuatro torres.7 En realidad las torres no iban a estar en los ángulos del edificio, sino de una cerca que limitaría al monumento, a manera de fortaleza.

Es seguro que la primitiva traza de la catedral se hizo de acuerdo con este plan, pues al efectuar las reparaciones recientemente, los arquitectos de la Dirección de Bienes Nacionales encontraron los cimientos desplantados en forma que se levantaban otras dos naves a los lados de las centrales, por lo que la iglesia se asemejaba a la catedral de Sevilla que, como es bien sabido, consta de siete naves.

Tan gran esfuerzo de levantar un templo que había de ser de los mayores del mundo, fracasó. Poco a poco el señor Montúfar se dio cuenta de las dificultades que habla de encontrar y así, cuatro años más tarde, el 18 de septiembre de 1558, se dirige nuevamente al Consejo rectificando su carta anterior con razones muy poderosas: "Como recién venido que no sabía las cosas desea tierra di así mi parecer conformándome con mi cabildo (que la iglesia se hiciese como la de Sevilla) después allá se ha visto que hay grandes inconuenientes para facerse así, lo uno porque la iglesia ha de yr fundada toda en agua a la rodilla, que saben sale (sic, acaso, sobre) el agua de la laguna no puede haber cimiento muy fijo para que suba la obra tanto como la de Seuilla." Con un proyecto tan excesivo, el gasto para la cimentación seria elevadísimo. Con los veinte mil ducados de Castilla a que según el arzobispo debería montar cada ano lo que se recabase de fondos, no se trabajaría en México en un año lo que con mil en Castilla, por la escasez de materiales y herramientas y la inferioridad del peón indígena comparado con el español, y así concluye que una catedral como la de Sevilla tardaría en acabarse cien o doscientos años. El final de la carta dice así: "Por tanto me parece y así lo he consultado con vuestro visorrey que bastará para esta ciudad una Iglesia como la de Segovia o Salamanca que se podrá hacer en veinte o treinta años y son muy bastantes y de harta auctoridad, y assí le paresse a vto. Visorrey, y de esta manera se dará remedio al gasto tan excesivo, que, verdaderamente, si la traza de Seuilla se ha de tomar, para solos los cimientos creo yo y todos no bastan las minas desta tierra y caña de V. M. Si assí parece a V. Al mándenos enviar la traza que fuese servido y algún buen maestro que acá no lo ay. Y mándese a nuestro solicitador y de nuestra Iglesia, Juan Rubio, que lo busque y envíe acá con las trazas que a V. Al pareciere y mandare."8

No parece seguro que la Corte haya accedido a la petición del señor Montúfar, pues la planta de la Catedral, aunque tiene semejanzas con la de las catedrales que propone como modelo, se relaciona más cercanamente con la de Jaén, según observa Angulo.9 En cuanto al arquitecto de la obra está probado que fue Claudio de Arciniega, que desde 1555 se encontraba en México y fue el autor, un año más tarde, del famoso túmulo imperial, como se ve en el libro de Francisco Cervantes de Salazar que lleva igual título.

La parte administrativa de la obra se llevaba a cabo con cierta actividad: el 14 de octubre de 1556 nombró el virrey a Juan de Cuenca para que averiguase cuánto montaban los fondos recolectados. Es posible que haya habido rumores de malversación, pues el 7 de septiembre anterior el Ayuntamiento dispuso "que se tome en cuenta para la fábrica de la santa yglesia de México en especial de lo que rrenta ordinariamente e lo que se dio en limosna e mandas para el edificio della mandaren se pita y se dé cuenta de todo."10 Juan de Cuenca presentó un extenso memorial dando cuenta de la cantidad a que debían montar los fondos, de lo que se había recogido, suma muy inferior a la que la obra debía tener por derecho. Informa a seguidas de los doce mil ducados que se repartieron por tercios en cumplimiento de la cédula real. Este impuesto se comenzó a recoger desde el 1° de septiembre de 1557. Y vienen a continuación los descargos por el dinero gastado, lo que nos permite conocer el estado de la obra; habla en primer lugar de diversas compras: canoas para traer la piedra, herramientas, cal, madera, y después dice: "Y hanse cercado la mayor parte dc los solares de la iglesia como vuestra Señoría Ilustrísima ha visto y en ello al cabo se hace una casa, desviada de donde se han de sacar los arriendos principales, la cual es para que en los bajos estén a recaudo las herramientas y cal, y en los altos vivan los maestros y gente y esclavos de la obra y en todo lo demás, cercado, haya obradores de carpintería y cantería y esté guardada dentro de lo cercado la piedra menuda y... cal y madera..." Hasta la fecha del informe, que es el 21 de septiembre de 1558, se hablan gastado en la obra cuatro mil ciento treinta y cuatro pesos cincuenta y ocho granos de oro común. El informe termina dando cuenta de otra importante providencia para facilitar la obra: se abrió una acequia desde Ixtapalapa a la laguna que comunicaba dicho pueblo con la plaza de México por agua. Así se podía transportar fácilmente la piedra necesaria a menos costo. La paga a los naturales por esta obra se iba a hacer, según allí se dice, en la propia semana en que escribe, en que se acabará del todo dicha acequia.11

Parece que dicha paga no se llevó a cabo, pues los indios de las parcialidades de México y Santiago, que trabajaron durante cuatro meses en la obra de la acequia, se quejaron por ello al visitador Valderrama. Todas las quejas presentadas a este funcionario, justas o injustas, constituyen un documento inapreciable para la historia de esa época; la parte relativa a los indios de México ha sido publicada con el título de Pintura del gobernador y alcaldes de México; el libro se conoce generalmente con el nombre de Códice Osuna, dándola nombre el apellido del poseedor del manuscrito original.12 Puede verse en la parte inferior del folio 7 del Códice Osuna, la representación de la acequia y sus leyendas en mexicano y español. Sentado en una silla de caderas aparece en la parte baja Juan de Cuenca ya veremos qué otras noticias se pueden obtener de tal interesante pieza.

Por disposición de la Corona, eran los virreyes quienes entendían en la construcción de la Catedral y así continuó hasta concluirse la obra. La única pro testa que contra tal disposición conocemos procede de señor Moya de Contreras, que escribía así el 24 de marzo de 1574: "El virrey tiene a cargo la obra de la iglesia mayor por mandado de su majestad y debió ser la causa la mucha vejez y poca salud de nuestro predecesor y aunque en todo el virrey procura servir aventajada miente y en esto hará lo mismo, por sus mucha ocupaciones no lo puede gobernar sino por tercería y relaciones, dando al obrero mayor que ahora es excesivo salario, que se excusaría si el prelado, de quien se puede hacer confianza, tuviese a cargo la obra (que se puede decir de su casa) viéndola y remirándola comí cosa propia que agora no puede pues en nada es parte) encargando la continua asistencia a un prebendado que hará de gracia, y pues los religiosos son asistentes de la obras de sus iglesias, suplico a vuestra señoría ilustra sima que no sea de peor condición el arzobispo, que col todo cuidado acudirá a su obligación de manera que no haga falta el mucho del señor visorrey y esto no lo digo con deseo de mandar sino por descargo de mi conciencia."13

1 Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 21-24.
2 El clero de México durante la dominación española, México, 1907, pág. 119. Tomo XV de los “Documentos inéditos o muy raros para la Historia de México”, publicados por Genaro García.
3 Sandoval-Ordóñez, pág. 117.
4 Están reproducidas en el Cedulario de Puga, segunda edición, tomo II, Págs. 105 y 176.
5 Es verdaderamente curioso que en el libro del señor Ordóñez, no se mencione la cédula de 1551.
6 Tanto esta carta como la que a continuación citamos, proceden del archivo de Indias. Allí las conoció el Padre Cuevas, S. J., y yo las pude utilizar gracias a copia que me facilitó mi estimado amigo el marqués de San Francisco. Puede verse reproducida en el Epistolario de Nueva España. Tomo VII, pág. 307.
7 Sandoval-Ordoñez, pág. 19.
8 Epistolario de la Nueva España, XIII, págs. 32-33.
La semejanza en el plano de la catedral de México y los de las catedrales de Segovia y Nueva Salamanca, fue descubierta y estudiada antes de conocer estos documentos por el ingeniero don Manuel Francisco Álvarez.
9 Las catedrales Mejicanas del Siglo XVI. Pág. 18.
10 Acta de Cabildo del 7 de Septiembre de 1556.
11 “De Juan de Cuenca. Relación relativa de la Iglesia de México a 21 de Septiembre de 1558” Archivo de Indias, 97-2-21. Colección Cuevas, documento proporcionado por el marqués de san Francisco.
12 Pintura del Gobernador y Alcaldes de México. Madrid, 1878. Ha sido reimpreso este libro en 1947 con algunos documentos de la misma época.
13 Epistolario de Nueva España, XI, pág. 142.