1.2.10 Trabajos Durante el Siglo XVIII1

Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 61.

Durante el siglo XVIII poco se hizo para adelantar en el término de la construcción de la Catedral. Es indudable que, ya concluida en su interior y útil para todas las ceremonias que se ofrecían, no se presentaba la necesidad ingente de continuar trabajando en lo que faltaba, y así la Catedral inconclusa viene a ser testigo mudo de toda aquella batahola que reinaba en la plaza mayor de México durante el siglo XVIII, centro de toda picaresca, asiento de toda inmundicia, amparadora de riñas, madre del clásico lépero que hallaba a su vera hospitalidad en las noches lluviosas, campo para sus fechorías y sitio propicio donde ocultar los objetos hurtados para convertirlos en relucientes reales.

Aunque la obra hubiese sido suspendida de hecho, algo continuaba trabajándose, sobre todo en su interior; sabemos así que hacia 1737 era maestro mayor don Domingo de Arrieta. El hizo, en compañía de José Eduardo de Herrera, maestro de arquitectura, las tribunas que rodean el coro. En 1742 Manuel de Álvarez, maestro de arquitectura, dictaminó con el mismo Herrera acerca del proyecto de presbiterio que presentó Jerónimo de Balbás. Este escultor había trabajado de 1718 a 1737 en la obra extraordinaria del altar de los Reyes, como veremos más tarde, así como en el altar mayor.

En 1752, el 17 de septiembre, "se colocó en la coronilla del cimborrio de esta Santa Iglesia Catedral una hermosísima cruz de fierro, de más de tres varas, con su veleta, grabada en uno y otro lado la oración del Sanctus Deus, y en medio de ella un óvalo de a cuarta, en que se puso por un lado una bellísima cera de Agnus con su vidriera y en el otro lado una lámina en que se esculpió a Señora Santa Prisca, abogada de los rayos. La espiga de dicha cruz es de dos varas y todo su peso de catorce arrobas; clavóse en una hermosa peana de cantería."

1 Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 61.