2.5 La Sala Capitular1

Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 97.

Esta estancia es probablemente la más antigua de nuestra Catedral. Aquí se puso la primera piedra, la base sobre la cual había de fundarse todo el magno monumento. No vacilamos en afirmar que la primera bóveda que se cerró en el templo fue una de las que cubren dicha sala. Todavía pueden verse en ella las nervaduras ojivales que dejan la huella medieval en nuestra magna iglesia. Gracias a Dios, ¡nervaduras góticas!: podemos apreciar en el templo la historia completa de la arquitectura colonial. Es seguro que esta sala sirvió desde luego para su objeto: allí deben haberse reunido los ilustres arzobispos, a partir del señor Montúfar, que gobernaron la Mitra de México. Con el tiempo la sala pareció demasiado fría a los señores canónigos y los cabildos tuvieron lugar en uno de los anexos del templo, de los que se encontraban en el Colegio de Infantes, los cuales fueron derribados recientemente para la construcción del Museo Religioso. En la actualidad se usa la sala "para conferencias de señores sacerdotes y juntas de Acción Católica o de alguna otra índole piadosa que preside el prelado, o alguna otra persona que él se digna mencionar".2

Se dice que dicha sala estaba adornada con tapicerías que con el tiempo se arruinaron; actualmente puede verse en sus muros una galería con los retratos de los señores arzobispos que han regido la Mitra Metropolitana. Retratos de busto, muchas veces de dudoso valor artístico, pero que constituyen la única' galería completa con las efigies de nuestros prelados; efectivamente, llega hasta el último ilustre, extraordinario arzobispo fallecido que gobernó la diócesis, monseñor don Pascual Díaz.

Alrededor del recinto se ve una plataforma sobre la que se asientan hermosos sillones fraileros del siglo XVII, de sobrio dibujo y excelente hechura. En el fondo de la sala capitular colgaba un cuadro con la Sagrada Familia que ha sido atribuido por algunos críticos no sin fundamento, a Pietro Da Cortona.

El recinto de la sala capitular se halla limitado por una reja de madera que permite formar un pasillo que comunica la Catedral con las oficinas de la Mitra. En la pared opuesta se ven unos sencillos armarios de madera, de estilo barroco, pintados de azul y oro, en que se guardan los más ricos ornamentos de la Catedral. Según la inscripción que puede leerse en una pequeña cartela, la estantería fue terminada en 1714. Sobre estos estantes hay tres pinturas al óleo que cubren los medios puntos o formas en que se mueve la bóveda y que representan, el del fondo, "La Venida del Espíritu Santo", por José de Ibarra, ya los lados "El Cenáculo" y "El Triunfo de la Fe", por José de Alcíbar, El señor canónigo Ordóñez dice que él fue quien ordenó que se limpiasen las bóvedas de esta sala, que habían sido pintadas de blanco. Es de agradecerse tal diligencia para una obra de tanto mérito.3

1 Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 97.
2 Sandoval-Ordoñez. Pág. 115.
3 Sandoval-Ordoñez. Pág. 114.