2.7.2 Reja del Coro1

Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 107-109.

Con la documentación que afortunadamente existe en el archivo de la Catedral,2 se puede redactar una monografía acerca de esta notabilísima obra de arte que es la reja que cierra el coro del templo. Aquí, empero, sólo daremos las informaciones necesarias para conocer su historia.

Recién terminada la sillería, el coro se encontraba limitado por una reja de madera parecida a las que cerraban las capillas. Madera rica, tapincerán, semejante al hierro en dureza, trabajada finamente a torno y con motivos alegóricos en su remate como son las rejas de todas las catedrales, seguramente.

Sin embargo, esa reja no pareció bastante rica y así, en el cabildo celebrado el 21 de febrero de 1721 se acordó que se hiciera otra reja "de fierro o de otro metal la cual ha de ser muy primorosa". Se comisionó al racionero don Sebastián Sanz para que entendiera en el asunto y mandara dibujar el proyecto necesario. El 19 de abril siguiente, dicho señor informó que había hecho tomar las medidas del alto y ancho de la reja "y que el Sr. D. Nicolás Rodríguez, maestro de pintor hiciera el mapa el cual, mediante la orden que se le había dado tenía remitido al puerto de Acapulco para que pasase a Filipinas para que se ejecutase según y cómo y qué estaba haciendo otro el dicho pintor para que quedase en el archivo y lo que llevaban por ahora eran diez mil pesos." La Gaceta de México de febrero de1722 da la noticia, agregando que el dinero fue en la nao en que iba por general Juan Ignacio Vértiz.

De Manila escribieron el 6 de julio de 1723 los capitanes Juan Domingo Nebra y Joseph Morales, diciendo que la reja costaría diez y siete mil pesos. A estos dos ilustres españoles debemos la magnífica obra. Si ellos no hubieran puesto todo su empeño y adelantado el dinero que era necesario, nada se habría logrado: el Cabildo de México había desistido de su proyecto.

Efectivamente, en la sesión del 9 de marzo de 1724se dice que se habían entregado a don Antonio Romero, que va a Filipinas, los siete mil pesos; acuerdan que se reconozca la reja en Manila según el mapa, pero que si no está hecha ya no se haga y que se traiga el dinero en dos naos.

Afortunadamente, era tarde: en el cabildo de 17 de febrero de 1725 se leyó un testimonio autorizado por el escribano Juan de Sierra y Ossorio en el pueblo del Rosario, el 7 de julio anterior, en que certifica haber visto veinticinco cajones con diversas barras gruesas y delgadas que pertenecen a la reja del coro de la Catedral de México. Estos veinticinco cajones no contenían si no parte de la reja: el total era de ciento veinticinco entre cajones y fardos que habían llegado a Manila desde Macao, a bordo de un patache, el 28 de junio de 1724.

Una vez la reja en Manila, no anduvieron nada remisos los comisionados para embarcarla a Nueva España y uno de ellos, el capitán Nebra, escribe al Cabildo y nos da preciosas noticias: viene por general de la nao capitana llamada "Nuestra Señora de los Dolores" y dice "traer dicho rejado perfecto y cumplido, menos dos pequeñas hojas que al embarcarse cayeron al mar" en el puerto de Cavite y que no parecieron por más diligencias que apuraron, así de buzos como de otros medios. "Dicho rejado -continúa Nebra- ha costado hasta ponerle en el puerto de Acapulco cuarenta y seis mil trescientos y ochenta pesos como consta de la carta (cuenta) adjunta. Y aunque parece crecida la suma, pero la obra es de tal primor, que no dudo dará Vuestra Señoría Ilustrísima por bien empleada dicha cantidad y confío tendré la suerte de haber servido a Vuestra Señoría Ilustrísima con el cuidado y empeño que he puesto en el esmero de dicha obra, que aseguro a Vuestra Señoría Ilustrísima que es una de las mejores alhajas que pueda tener la Europa, y me dijeron los religiosos que vienen de la China, cómo los Capitanes de las naos de la Europa que se hallaban en aquel Reino hicieron vivas diligencias para comprarle, ofreciendo aún más alto precio del que ha costado, diciendo que sólo el metal aun prescindiendo de la hechura, podía ofrecer grandes adelantamientos porque pesa cuatrocientos y trece quintales de metal Del Príncipe y blanco de primera, suerte que sólo a fuerza de empeño y pesos se puede conseguir." Pregunta a quién la debe entregar en Acapulco, ya que su conducción a México era muy delicada. El Cabildo envió por ella al insigne escultor Jerónimo de Balvás, que, como hemos visto, muchos años hacía estaba identificado con la obra de nuestro gran templo.

Por buenas que fueran las razones del capitán Nebra, la diferencia entre diez y siete mil pesos que iba a costar la reja, y cuarenta y seis mil trescientos que costó, no era cosa de poca monta. El Cabildo ha de haber pegado un salto. Además, se adeudaba la diferencia que habían suplido generosamente en Manila y que era forzoso pagar. Entonces se hizo una información testimonial en que todos los declarantes están conformes en que la reja es magnífica, que se suplió el dinero y que vale un Potosí. Bastantes noticias complementarias se encuentran en las declaraciones, pero la más valiosa es la que nos da el nombre del artífice asiático, hasta hoy desconocido, que labró esta preciosidad.

Declaración del capitán don Antonio Correa: "Que desde el año inmediato pasado que estuvo en dicha ciudad de Macán oyó decir de muchas personas fidedignas en ella que el enrejado de diferentes metales que por mano de dicho Capitán Quiauló Sangley, se ha fabricado, ha sido una obra pasmosa en estimación y muy singular aunque se ha conseguido a costa de muchísimos pesos."3

Desde antes, para justificar sus argumentos, y que les pagasen los muchos dineros que les debían, escribieron los mismos capitanes Juan Domingo Nebra y Joseph de Morales una carta que el Cabildo recibió el año 1725. En ella dicen: "con ocasión de haber ido a Macán a consagrarse el señor Obispo auxiliar de Zebú, vido la obra del rejado y dice que no había en la Europa otra más excelente y lo mismo nos aseguran los misioneros que la vieron y que de la corte del Emperador de China bajaron distintos mandarines a verla y quedaron admirados, cuya noticia y el haberla hallado comprobada con la parte que ha venido nos sirve de particular gusto."

Por más claro que pareciese el proyecto del artista Nicolás Rodríguez Juárez, los artífices del Macao no lo entendieron y, así, fue preciso que un fraile italiano franciscano les explicase en su propio idioma las características de esta reja. Fue hecha a todo lujo, pero o los asiáticos no comprendieron o hubo malevolencia por su parte, pues cuando llegó a México se vio que la reja era grande. El artífice colonial que la acortó e instaló fue Jerónimo de Balbás, que había ido por ella a Acapulco, Medía la reja media vara más en ancho y, según la tradición, con los fragmentos que sobraron al acortarla, infinidad de personas mandaron hacer sortijas que por eso se llamaron "tumbagas".4

El estreno tuvo lugar el l0 de marzo de 1730 y el arquitecto Anzorena, en su trabajo citado antes, nos da una buena descripción de esta obra. Dice así: "La reja del coro, es de tumbaga y caláin, habiéndose construido en China en la Ciudad de Macao. Su ancho es de quince y media varas; su altura en el centro, once y tres cuartas, y en el resto, ocho y tres cuartas. Se compone dicha reja de un pedestal de cinco cuartas con sus molduras respectivas; sobre el pedestal descansa una base ática; y sobre ella se elevan cuatro pilastras de una cuarta de ancho, y cuatro varas dos tercios de altura, estando los dos primeros tercios estriados, y el último hasta el capitel adornado con caláin en forma de unos festones con racimos de uvas grabados. Los capiteles son jónicos, estando dos inmediatos a la puerta y los otros dos en las extremidades. En el intermedio de estas pilastras hay otros dos que tienen en su mitad unos globos. En los intervalos de estas pilastras existen cuarenta y cuatro balaustres de figura cilíndrica y cónica, con tocaduras de caláin. La puerta es de medio punto y bien proporcionada, y tiene doce balaustres iguales a los de la reja. Sobre la puerta está un cornisamento compuesto que corona este cuerpo, en el que hay el mismo número de balaustres y seis pilastras de una vara de altura. En el medio y sobre la cornisa principal, está un frontón con 2 cabezas de serafines, uno que mira para adentro del coro, y otro para afuera. Sobre la cornisa, de este segundo cuerpo, y en el medio de longitud total, se forma el remate con una elipse de cinco cuartas de altura, adornada con crestería calada y relieves de caláin; en él, en forma de medalla está colocada la Asunción de Nuestra Señora sobre un trono de nubes, acompañada de ángeles y serafines, y en la parte superior Jesucristo crucificado; y en los extremos perpendiculares a las dos pilastras intermedias a las puertas, sobre sus pedestales, las imágenes del buen y mal ladrón. Lo restante de los intervalos está dividido en cada lado, en dos partes iguales con la pilastra intermedia, la cual remata con un pedestal en que asienta una piña de caláin, y otros remates piramidales, concluyendo el todo a ambos lados con unos círculos de- campanillas." Llaman a estos discos de campana "aleluyas" porque se tocan en las ocasiones en que se canta el "Aleluya."

1 Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 107-109.
2 "Año de 1721. Autos fechos sobre la reja de Tumbaga que se hizo en las Islas Philipinas para el choro de esta Santa Yglesia Catedral. En 141 fs". De ese importante legajo procede nuestra información.
3 En su descripción de Manila, dice el P. Bartolomé de Letona: "A la parte oriental de la ciudad fuera della, enfrente de sus murallas, a tiro de mosquete, está una Alcaicería, que llaman Parián, donde ordinario viven quince mil chinos Sengleyes, naturales de la gran China todos mercaderes o oficiales... " Perfecta Religiosa ... Puebla, 1662.
4 Tumbaga es una aleación de metales en que entran oro y cobre por mitades, a veces más oro, que se usa en orfebrería. En el caláin se agrega plata para que sea más claro.