2.12 Capillas de la Catedral de México1

Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, pág. 131.

A parte de la capilla de los Reyes que estudiamos especialmente, se abren en la Catedral siete capillas a cada lado, formando las naves más bajas del templo. En dichas capillas se puede ver aún cómo eran los altares primitivos de la iglesia: grandes nichos con arco de medio punto y un frontón triangular cerrado sostenido por pilastras. A estos altares se les llama en las cuentas de la obra del año de 1585, "encasamentos."

Con el tiempo, según el gusto de la época, se van modificando los altares y así tenemos en nuestras capillas, puede decirse, un muestrario de ellos. Algunas veces, sobre el mismo encasamento del siglo XVI se sobrepone un retablo barroco y aun churrigueresco. Diversas personas tomaron a su cargo el sostenimiento y culto de estas capillas y otras veces se les concedió a instituciones religiosas o a gremios: así, dos capillas pertenecieron a la famosa archicofradía del Santísimo Sacramento y Caridad; otra al gremio de los plateros bajo la advocación de San Eligio y una cuarta a los organistas y cantores de la iglesia. 

 Difícil y laborioso, y no siempre muy importante, sería detallar la historia de cada capilla. Debemos pues contentarnos con indicar los datos fundamentales de ellas.

Cada capilla estaba cerrada por una rica reja de madera, tapincerán, de estilo barroco del siglo XVII y que, al parecer, hacía juego con la reja que cerraba el coro. Cada una de ellas costaba mil pesos, como veremos al tratar de la capilla de San Pedro, cuyo ornato fue costeado por ese prócer inigualado de nuestra Iglesia: el deán don Diego de Malpartida y Centeno.

En el siglo XVIII la reja del coro pareció pobre para un templo tan suntuoso y fue substituida por la actual magnífica reja, de metales ricos, hecha en Macao y obra de arte única en el mundo, como en otra parte estudiamos.

Con el advenimiento del arte neoclásico la Catedral sufre alteraciones inevitables: los retablos barrocos y churriguerescos son sustituidos por otros afiliados al nuevo estilo. Las capillas parecen oscuras y hay escritores de prestigio que claman contra las tinieblas que reinan en el templo.

Por tal razón hubo quien pensó "mejorar" el aspecto del templo sustituyendo las magníficas rejas de tapincerán por otras modestísimas de hierro y plomo, pero que permitían ver claramente en cada capilla. El benefactor, pues como tal fue considerado, se llamaba don Francisco Ontiveros; la sustitución se hizo en algunas capillas poco antes de 1874 y su munificencia llegó a tanto, que en un legado suyo ¡había dinero suficiente para cambiar todas las rejas! No sabemos si surgió alguna persona inteligente que comprendió la atrocidad que se estaba cometiendo, o fue la displicencia y dejadez con que se cubren las más ardientes iniciativas, una vez desaparecido su autor, lo que salvó las rejas que subsisten. Quien da tales noticias hace notar que se comprendía la riqueza del material y la exquisitez del trabajo en estas rejas venerables, pero que se trataba de que fuesen menos sombríos el templo y sus capillas. Como si esa penumbra, característica de todas las grandes catedrales, no fuese uno de sus mayores encantos: en ella vive el misterio, la imaginación se despierta y crea fantasías más bellas que la propia realidad.

1 Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, pág. 131.