2.13.3 El Arte Barroco

Entre el último estadio gótico, a finales del siglo XV y el principio del barroco a finales del siglo XVI, hubo un período que produjo el Manierismo en la primera parte del siglo XVI en Italia.

El manierismo fue un movimiento estético que reflejó la crisis en el arte que apareció en este período y se caracteriza por ser un arte turbulento, lleno de contradicciones, raro y exagerado con angustiosas visiones de pesadilla y hasta diabólico, por lo que es difícil definirlo con precisión.

La arquitectura no recibió tanto influjo como la pintura y la escultura, por lo que no tenemos propiamente ejemplos de este estilo. Como reacción al manierismo surge una nueva forma artística que recibe el nombre de Barroco, término de origen en verdad incierto, pues algunos lo hacen derivar del término italiano "baroco" que es el nombre de un silogismo medieval y otros del idioma portugués "barroco" que en joyería significa una perla irregular por lo que será hasta el siglo XIX cuando se le dé una definición más precisa.

El barroco dominó en términos generales, desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII y se pueden considerar tres etapas bien definidas: el barroco primitivo, el barroco pleno y el barroco tardío. El barroco tiene como mística la exuberancia en todos los órdenes artísticos.

El siglo XVI fue uno de los tiempos más prolíficos por ser un siglo de paso, de transición. Se da una extraordinaria efervescencia en lo político, en lo económico, en lo social, en lo artístico y unido a esto, el descubrimiento del Nuevo Mundo, transforma las relaciones internacionales, así el arte barroco es el reflejo de este estado de ánimo generalizado.

En lo religioso, los grandes cambios que vinieron de la Reforma Protestante y la reacción de la Iglesia Católica, dio como resultado un cambio en todas las artes en donde se manifestó el barroco como lo exuberante de la fe, y el esplendor del culto católico en la arquitectura, la escultura, la pintura, la literatura e incluso, la música, reacción barroca que aparece generalizada en todas las zonas católicas, de frente al puritanismo y la exagerada sobriedad de los protestantes.

Así, la mística del barroco subraya el optimismo, la vitalidad y el triunfo de la fe católica en sus esplendentes adornos, ornamentaciones y, en ese tiempo, audaces concepciones artísticas. Por otra parte, el barroco unifica tres de las grandes artes: la arquitectura, la escultura y la pintura, de modo que lo más importante en el barroco no es el detalle, sino la visión de conjunto, que aún hoy, hace maravillar a quien contempla la maestría de este estilo.

En México, como en toda América Latina, la audaz inventiva de los arquitectos españoles unida a la profunda visión artística de los naturales, dieron nuevas y sorprendentes visiones al barroco, sobre todo durante el siglo XVIII, precisamente cuando en Europa el barroco se iba extinguiendo poco a poco, degenerando en la exageración del rococó, o, como en otros casos, asumiéndose al estilo neoclásico.

Del esplendor del barroco en sus diversas etapas, la Catedral Metropolitana de México es uno de sus más claros ejemplos, pues efectivamente, durante el desarrollo del barroco quedan bajo su influjo desde el incipiente barroco de las portadas del frente, del oriente y del poniente hasta llegar a su máxima expresión en el interior de las Capillas con sus extraordinarios retablos, principalmente el Altar de los Reyes y la Capilla de los Ángeles, por citar algunas, que veremos con más detalle en las fichas siguientes.