2.13.4 El Arte Neoclásico

El barroco en su última etapa, fue asumiéndose en otros estilos, entre ellos el Neoclásico. Éste es un movimiento artístico que nació en Europa hacia la segunda mitad del siglo XVIII (1750) y dura hasta el final del siglo XIX. En realidad se trató de una reacción al exagerado estilo del rococó, heredero del barroco, por una parte, y por otra parte, fue resultado del descubrimiento en esa época, de dos ciudades grecorromanas: Pompeya y Herculano, en Italia, cuyo arte influyó de modo preponderante en ese tiempo.

Como característica fundamental, el neoclásico buscó imitar los modelos arquitectónicos grecorromanos, de modo principal el arte dórico. Su mística se basa en un sentido romántico de los valores clásicos y de una espiritualidad volcada hacia la añoranza de los tiempos heroicos griegos.

El Romanticismo fue la característica principal de la literatura y de la música en el siglo XIX, y pasó a influir también en las artes como la pintura la escultura y la arquitectura. Este estilo es un arte más bien simbólico que creativo.

En el ámbito de la arquitectura, el arte neoclásico hizo su aparición en la España de Carlos III (1760-1788) y sus mejores ejemplos fueron la Puerta de Alcalá y el extraordinario edificio que alberga el Museo del Prado, en Madrid.

En los Países Latinoamericanos el Neoclásico se volcó más bien en monumentos dóricos y duró hasta el siglo XX. La Catedral de México, no se sustrajo al influjo del neoclasicismo, y si bien no aparece de un modo significativo en el exterior de la Catedral, dado que la mayor parte de la edificación había sido concluida, si aparece en algunos cambios que se realizaron en el interior de las Capillas, y en algunas de ellas, donde hubo retablos barrocos, se reconstruyeron, según los cánones imperantes de la época y es precisamente el neoclásico el estilo reinante, así, los altares tallados en cantera de las Capillas de Nuestra Señora de los Dolores y la Capilla del Sr. del Buen Despacho, en el lado poniente, y en el lado oriente, las Capillas de Santa María la Antigua y de Nuestra Señora de Guadalupe, son ejemplo del influjo neoclásico.

En conclusión, si alguno quisiera conocer los diversos estilos arquitectónicos más importantes que se dieron en el lapso de los siglos XVI, XVII, XVIII, y XIX, nada mejor que tomar como guía y ejemplo la Catedral de México, porque todos ellos quedaron plasmados en su edificación cuando cada uno de los Maestros Mayores que la construyeron, fieles a sus épocas, unificaron, de modo maravilloso, lo que ya existía, con las novedades del arte en los tiempos que les correspondió vivir.

Nada hay en la Catedral que no haya quedado asumido en un todo, aunque pueda distinguirse los distintos estilos que la forjaron.