4.2.1.1 El Tesoro de Antaño1

Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 171-173.

Grata cosa es sumergirse en viejos inventarios de alhajas. Las joyas de oro y de plata finamente cinceladas, la pedrería, los diamantes, las perlas, los brocados, los damascos pasan por nuestras manos como si nos hubiésemos convertido de pronto en uno de esos sultanes de Oriente que vivían en mundos de ensueño que en nuestros tiempos actuales sólo encontramos reproducidos ficticiamente en una escena de ballet o en los engañosos interiores de una película cinematográfica.

Podemos, a Dios gracias, reseñar los tesoros que ha poseído nuestra Catedral, con más detalles y minucia que muchos otros aspectos del gran templo. Ello se debe a los inventarios que se han conservado. Suponemos que no están completos, pues no abarcan la época íntegra de la existencia del edificio.

Haremos una reseña de tales inventarios para después insistir en las piezas más importantes que consignan.
 El primer venerable papel, que provoca deseos de besado, es el inventario hecho el 29 de octubre de 1541 por el provisor del señor Zumárraga, licenciado Alonso de Aldama, quien visitó la capilla de los curas ante el notario Martín de Campos y describe las cosas que halló y que constituían el tesoro del viejo templo. Bien Pobre era esa catedral si la comparamos en sus riquezas con las que poseía más tarde el templo metropolitano.

El segundo inventario de los que hoy existen fue comenzado el 13 de diciembre de 1588 por el tesorero Pedro Garcés y el canónigo doctor Melchor de la Cadena, para entregar los bienes del templo al sacristán mayor Cristóbal de Escobar. Si el inventario de 1541 es todavía un inventario pobre, en éste aparecen ya ricas alhajas, custodias, cálices, copones: todo un tesoro.2

Por noticias que refiere el inventario número 4  hecho en 1632, sabemos que cuando el licenciado Benito de Ayala, sacristán de la Catedral, se hizo cargo de su puesto el año de 1618, se formó otro inventario. Este, al que corresponde el número 3 de los conocidos, no aparece en el archivo de la Catedral.

En 1632 el licenciado Benito de Ayala, sacristán de la Catedral, hizo petición para que se le tomase cuenta de lo que tenía a su cargo. Resultado de ello fue el inventario que marcamos con el número 4, hecho el 2 de agosto de dicho año por el señor doctor Nicolás de la Torre, canónigo magistral de la iglesia.

El inventario que lleva el número 5 fue formulado el 6 de septiembre de 1649 por los señores doctores don Juan de Aguirre y don Cristóbal Millán de Poblete, racioneros, jueces hacedores, por el señor arzobispo don Juan de Mañozca y el tesorero don Pedro de Barrientos. Dicho inventario es parcial, pues se refiere al principio a los expolios del Ilustrísimo. Señor don Feliciano de Vega.

El inventario número. 6 tiene el siguiente título: "Inventario y entrego que hace de los bienes y preseas de la Santa Iglesia Catedral de México el Lic. Bartolomé dé Quevedo, Sacristán Mayor de ella." Fue realizado el 7 de septiembre de 1654 por los doctores don Juan de Aguirre y don Matías de Hoyos Santillán, prebendados y jueces hacedores. El Benito de Ayala había muerto y el virrey Alburquerque presentó por sacristán mayor de la iglesia a Bartolomé de Quevedo, que para ello poseía cédula real. Los citados inventarios presentan, a la vez que la tristeza por el menoscabo de los bienes que consignan, la historia de la sacristanía del templo. Muere un sacristán, otro es nombrado para el cargo y hay que entregarle los bienes; para entregárselos, muchas veces se formaba nuevo inventario.

El inventario número. 7 responde a estos fines. Efectivamente, en 1655 el bachiller Simón de Frías como albacea de Benito de Ayala, sacristán mayor que fue de la Catedral de México, hizo expediente sobre el entrego de los bienes de la sacristía. Dicho expediente no es un inventario completo, sino que insiste sobre todo en las faltas que en diversas clases de objetos se encontraban en el tesoro. Recibió el bachiller de la Peña, contador de la catedral, y entregó al licenciado. Bartolomé de Quebedo, que corno hemos visto había sido designado sacristán mayor. El notario que actuó en la entrega fue Ambrosio de Solís.

El inventario número 8 indica bien en el título su contenido y fue organizado de 1677 a 1678: "Auto sobre el pedimento que el señor don García de Legazpi Velasco, canónigo de esta santa iglesia hizo en orden a que se le recibieran las fianzas para el oficio de sacristán de ellas en virtud de tener presentada real provisión en que constaba haberle su Majestad presentado en cuya conformidad se le entregó dicha sacristía como consta del inventario aquí contenido en cuarenta y ocho fojas."

El inventario que lleva el número 9 data ya del siglo XVIII. Su título es el siguiente: "Inventario de las preseas de oro y plata de la Santa Iglesia Catedral." Fue firmado por el secretario de Cabildo, Br. Tomás de la Fuente Salazar, en 1704. Es un bello volumen con encuadernación de tablas forradas de tafilete rojo con hierros dorados. En él se lee el detalle curioso de que el año de 1735 fue robado y empeñado en una tienda.
Inventario número 10. "Libro de inventarios de las preseas de oro, piedras preciosas, perlas, plata, etc., hechas por el tesorero Antonio Monroy Villaseñor y el licenciado. Francisco Jiménez Paniagua, comisarios designados para hacerlo. Se efectuó ante el secretario del Cabildo, Antonio Bernárdez de Rivera el año de 1713." Está encuadernado ricamente en terciopelo carmesí con galones de oro y su escritura es una bella muestra de caligrafía.

En el mismo volumen, en el folio 130, comienza el inventario número 11, hecho a partir del 7 de febrero de 1731 por el doctor Alonso Francisco Moreno, chantre de la catedral. Tuvo por objeto valuar las piezas de orfebrería, avalúo que fue realizado por el maestro de platero Francisco Cruz. Se halló presente el Br. Antonio Suasnávar, sacristán segundo a cuyo cargo estaban las llaves que guardaban las piezas ricas.
 Marcamos en la serie con el número 12 al "Inventario de las alhajas de oro, plata y piedras preciosas de la Santa Iglesia Metropolitana de México. Formado en el año de 1819 de orden del Ilmo. Deán y Cabildo por el señor Tesorero Lic. Nicasio. Labarta, interviniendo el Sacristán Mayor Br. don Bentura López."

 El número 13 corresponde a un inventario de los más importantes de nuestra Catedral, puesto que es el último en que aparecen todas las joyas de la iglesia, antes de los despojos de que fue víctima más tarde. Ignoramos por qué el original de este inventario se encuentra en la Biblioteca del Museo Nacional de México. Su título es el siguiente: "Inventario de los utensilios, vasos sagrados y alhajas de plata y oro, diamantes y otras piedras preciosas de esta Santa Iglesia Metropolitana de México, con remisión al inventario hecho en 1819 a presencia del Sr. Tesorero Dignidad Doctor don Félix Osores, y con asistencia del Padre Sacristán Mayor D. José Ma. Abarca, del Secretario de Cámara y Gobierno de este Illmo., y Ve. Cabildo. Dr. D. José Miguel Alva, y con (asistencia) reconocimiento del patrón de platería Don José Folco en los últimos meses del año de 1842."

Es de suponerse que después del inventario de Osores se hicieron algunos otros en la Catedral, sobre todo si había cambiado de sacristán el templo. Sin embargo, no conocemos ninguno de tales inventarios. Es también posible que, por las agitaciones políticas que conmovieron a nuestro país durante el siglo XIX, no se haya llegado a formular inventario.

El último inventario de la Catedral, y acaso  el más importante si no desde el punto de vista histórico, sí desde el punto de vista legal, es el que fue realizado del 1ro. de septiembre de 1926 al 30 de abril de 1927. Cuando por ciertas discrepancias de criterio entre las autoridades eclesiásticas y el Gobierno Federal fue suspendido el culto en los templos católicos de México el año de 1926, las autoridades intervinieron en dichos templos por medio de Juntas Vecinales que debían formular inventario de los objetos que cada templo poseía. El inventario de la  Catedral fue realizado por personas de suma competencia, pues se designó al señor don Antonio Cortés como perito valuador. Antonio Cortés fue un gran estudioso de nuestro arte colonial, que por razones que no son del caso dilucidar aquí, no produjo la obra que debía haber elaborado. Sus conocimientos en artes menores de la Colonia no eran igualados por ninguna otra persona en su época. Si no estamos de acuerdo completamente con sus apreciaciones y sus avalúos, no podemos menos de reconocer que ninguna otra persona hubiera realizado mejor el trabajo. Como representante de la Contraloría asistió el señor Leopoldo C. Aguilar; por parte de la Procuraduría de Justicia de la Nación, en un principio, el licenciado Raúl Raygadas, y más tarde el licenciado Leopoldo  Martínez Cosío. Por la Junta Vecinal concurrió el señor Juan D. López y por la secretaría de Hacienda, en nombre de la Dirección de Bienes Nacionales, los señores ingeniero Eduardo Escoto y Alfonso Vázquez Vergara. El trabajo fue ímprobo, como puede comprobarse en los cuatro gruesos volúmenes, escritos a máquina, de dicho inventario. Es éste capital para cualquier investigación que se realice en la actualidad en el templo, pues los objetos se hallan precisa y minuciosamente descritos en él.3

Como se ve, no hay una relación completa de inventarios de nuestro templo, pero los que poseemos son bastantes para reconstruir fundamentalmente la historia del tesoro del templo metropolitano.

1 Toussaint, La Catedral de México, Porrúa, México, 1973, págs. 171-173.
2 Este inventario fue utilizado por el autor de este libro, como puede verse en la obra Paseos coloniales, en el capítulo en que describe la catedral vieja. El mismo autor hizo en 1927 las papeletas bibliográficas de los inventarios y los selló folio por folio con un pequeño sello que dice "Archivo de la Catedral de México".
3 Para el avalúo de pinturas se contó con la valiosa ayuda de Mateo Herrera.